Te espero en Nueva York, la ciudad de nuestro encuentro.

Te espero en Nueva York, el lugar de las rupturas y las reconciliaciones. En Nueva York para encontrarnos con la incógnita y despejar las dudas, para escucharnos en su tumulto y caminar descalzos sobre sus silencios. Para mirarnos en la oscuridad y vernos.

Te espero en el lugar que siempre fue nuestro sin saberlo, donde están tu yo y el mío esperando descubrirse algún día sin saber que nosotros, los de verdad, jugamos a escondernos por miedo a encontrarnos.

Te espero y no sé porqué. Te espero y desconozco hasta cuándo o desde cuándo.

Busco Nueva York en el mapa y me tiemblan los dedos recorriendo sus calles, creando imágenes en sus hoteles y en sus parques. Sabiéndonos cerca. Tú, conociendo el olor de mi pelo. Yo, junto a tu respiración dormida.

Pienso en Nueva York y te pienso. Silencioso, cavilando lo mismo que yo, queriendo lo mismo que yo pero venciéndote por amor a tu única razón de vida.

Pienso en Nueva York y te pienso.

Nueva York y tú, algún día.

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Cordón negro 5mm ancho imitando abotonadura doble de abrigos antiguos. Base de fieltro montada sobre diadema metálica negra.

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Cordón negro 5mm ancho, imitación  de una abotonadura sencilla. Base de fieltro montada sobre diadema metálica negra.

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Hilo de oro bordado sobre base de fieltro.

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Hilo negro metálico bordado sobre base de fieltro.

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Hilo negro metálico bordado sobre base de fieltro.

Hasta las escuetas cuatro líneas que mi horóscopo me dedica esta semana lo dicen; “comience a distinguir entre los sueños y la realidad que le rodea”. Cruel.

Es cierto que mi carácter es de natural soñador, que me cuesta centrarme a veces y que dibujo mentalmente, casi a diario, los bocetos de mil vidas que no son la mía y que están cargadas de fragmentos de las de otros, de imágenes evocadoras, de sueños aparcados (siempre temporalmente, claro) y alguna que otra palabra que, si existió, si alguna vez fue dicha, no lo fue con la intención que yo hubiera preferido o escogió un momento erróneo para ser pronunciada convirtiéndose así en ruido.

Es verdad que sueño, que sueño mucho y, no sólo cuando duermo, (que es cuando te veo a ti, esperándome sentado, mirando al mar, tal vez frente a alguna de las playas de tu tierra de las que tanto hablas) sino que también lo hago despierta, cuando leo un libro, escucho una canción o siento como me devora la envidia al ver a las parejas de 80 años cogidas de la mano paseando por el bulevar de mi barrio tras toda una vida juntos. Pero, ¿quién no ha pensado alguna vez en cómo hubiera sido su vida sino hubiera tomado algunas de las decisiones que tomó, si hubiera esperado 10 minutos más en aquella parada de tren, si hubiera reunido el valor necesario para dirigirse a esa persona en alguna de las ocasiones en las que se cruzaron (sí, a mí la vergüenza me ha podido siempre, maldita timidez, no desesperes Bego, no desesperes…Quiere a tu amiga así, tal cual es, please).

Y es que, supongo que siempre nos queda la duda, que con el pasar de los años nos asaltan las preguntas relativas a lo que hicimos y a la manera en que esto se corresponde con lo que quisimos hacer en un momento dado y aunque no sintamos decepción por los derroteros por los que se encaminó nuestra vida, a veces, es difícil no pensar que perdimos tiempo con personas y cosas que tal vez no merecieron la pena, porque no eran lo que esperábamos, porque tal vez no lo fuimos nosotros o porque falló esa entrega que tan sólo los sueños parecen proporcionar. Es por esto que me esfuerzo en repetirme las palabras de una amiga que insiste en que todo lo vivido,con acierto o sin él, nos construye paso a paso para ser tal y como somos hoy.

Así que lo siento pero no, una vez más no haré caso a mi horóscopo y, aunque distinguiré entre lo real y lo que no lo es para no pensar, muy a mi pesar, que es a mí a quién esperas mirando al mar o tras una noche de concierto, me niego a sólo pensar que la vida es lo que es sin más, sin reinvenciones, sin renacimientos, sin miradas que podrían significar lo que nunca significaron.

Y como parte de lo que una vez fue un sueño y afortunadamente acabó convirtiéndose en realidad…Fieltrerías. Porque todavía hoy recuerdo el día en que las soñé por vez. primera…

 

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Horquillas fantasía. Motivos metálicos con baño dorado montados sobre una base de fieltro en diferentes colores.

                             

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Horquillas fantasía. Motivos dorados cosidos sobre una base de fieltro negra.

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Horquillas fantasía en tonos crudo y negro.

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Hay quien dice que no puedo estar quieta, que es superior a mí, que la inactividad y yo no podemos estar juntas en la misma habitación y aunque cuando lo oigo me rebelo, sé perfectamente que es un intento absurdo de defensa ante una realidad evidente.

Estos días de Semana Santa me propuse colgar el cartel de “cerrado por vacaciones” pero lejos de decir que no he podido tendré que decir, siendo sincera, que no he querido y es que, cuando surgen las ocasiones hay que aprovecharlas y no he podido resistirme a dejar constancia de la compañía tan maravillosa que tuvo Fieltrerías este viernes santo y de los preciosos huevos de Pascua que preparé junto a Tani, Cris, Anna (y María, porque aunque de camino, también estaba allí de alguna manera). Una vez más, muchas gracias a mi pequeña familia ucraniana por el día y porque con ellos todo es siempre muy fácil. Gracias por la tranquilidad que me dais!!

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Todo listo para empezar a decorar los huevos de Pascua!!

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Siempre hay tiempo para posar ante la cámara…

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Casi, casi listo y…

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tras un poquito de paciencia…

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y cariño…

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¡¡Tenemos nuestros preciosos huevos de Pascua decorados!!

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¡¡Estamos tan orgullosas de nuestras creaciones!!

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y… Antes de cenar, nos ponemos guapas con Fieltrerías y….

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bailamos mientras mamá canta una canción!

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¡Qué aproveche!

 

Haciendo un repaso de las cosas inesperadas, reseñables o no, que han ocurrido en mi vida me doy cuenta de que la mayoría de ellas fueron tan especiales precisamente por eso, por su carácter improvisado, por la espontaneidad con la que se presentaron y por la naturalidad con la que pude dejarlas ocurrir. Y puede que esta reflexión tenga que ver con el hecho de que  de nuevo está lloviendo y que hace ya más de un mes que no veo el sol pero, lo cierto, es que creo que a veces no somos conscientes de lo poco dueños que somos de nuestra propia existencia, de cosas tan aparentemente sencillas como el modo en el que empezamos y acabamos los días, la importancia de un saludo no dado o de una mirada no sostenida los minutos necesarios.

Siempre me ha generado cierta inquietud esa idea de que las cosas pasan sin que podamos hacer nada por controlarlo y, a veces, he sentido una emocionante alegría o una perturbadora angustia cuando las diferentes situaciones se iban dando…¡ Bienvenidos al tiovivo de las emociones que rigen la vida!

Una vez, alguien muy especial me dijo que si yo fuera un color sería, sin duda alguna, el transparente y, aquello, me pareció una de las cosas más bonitas que se le podían decir a alguien y, no sólo por la descripción que hacía de mi carácter sino también por el toque entre naíf y tierno que presentaba al transparente, a través del que todo es visible, como un color. Con el paso de los años, sin embargo,  he vivido situaciones en las que no me he sentido bien con esa afirmación que, si bien me sigue pareciendo metafóricamente sublime, también me resulta poco adecuada para adornar el carácter de nadie en el mundo en el que vivimos y es que, la pasión y la entrega resultan complicadas de compaginar con la falta de compromiso, las prisas y el miedo a vivir, en definitiva.

Siempre  me he negado a sentir miedo. No he querido dejar de vivir cosas simplemente porque supiera, casi a ciencia cierta, que algunas de esas experiencias me traerían consecuecias dolorosas, me harían sufrir o, simplemente, fueran a conducirme por el tantas veces recorrido camino de la nostalgia ante el recuerdo de lo perdido. Pero cuando me hago eco de hasta qué punto me pone esa transparencia “al pie de los caballos”, me acuerdo de las palabras de García Márquez y entonces todo me parece repleto de sentido y me parece que vale la pena y que no puedo sino esperar con ganas, que el tiovivo siga girando.

¡Por muchas vueltas más!

Di que sí.  

Aunque tengas miedo,

aunque te arrepientas,

porque  de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si dices que no.

Gabriel García Márquez

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Horquilla lazo. Lazo de seda entrecruzado en diferentes colores fijado a una base circular de fieltro cosida a una horquilla metálica.

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Horquillas racimo. Circulos de fieltro de diferentes tamaños cosidos a una base de fieltro también circular. Dos tamaños diferentes (8 ó 12 pétalos).

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Horquilla flor en capas. Realizada en fieltro de diferentes colores. Tres capas de distintos tamaños superpuestas entre sí y fijadas a la base de fieltro sobre la que se cose la horquilla por medio de un pompón central.

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Horquilla clavel. Lazo acanalado de diferentes colores fruncido y cosido formando una espiral sobre su propio eje central. Fijado a una base de fieltro en forma de flor a su vez está cosida a una horquilla metálica.

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Horquilla comodín. Dos flores de fieltro de diferentes tamaños  colores superpuestas y fijadas a una base de fieltro de la misma forma.

Dicen, que es necesario guardar las memorias, no dejarlas ir, mantenerlas siempre cerca como guardadas en un cajón al que siempre se pueda acudir cuando el alma y el corazón duelan demasiado y se haga necesario recordar que hemos reído y llorado, que hemos gozado y sufrido y que la vida, a veces, concede oportunidades.

Pero la verdad es que, echando la vista atrás creo que lo verdaderamente complicado no es mantenerlas a buen recaudo y evitar que huyan sino ser capaces de entender que es necesario aprender de todos nuestros recuerdos; de los malos, para no dejar que la vida nos lleve por los mismos derroteros  de nuevo y de los buenos, porque tal vez en algún momento pueda volver a ocurrir, porque tal vez en algún momento podamos de nuevo ser capaces de plantar cara a las malas noticias, al pesimismo y al temor que, en ocasiones, produce simplemente vivir.

Con el tiempo se aprende a distinguir, se aprende a comprender que las memorias formarán parte de cada uno de los días que compondrán nuestra vida y, se aprende también, a vivir con cada uno de los buenos recuerdos y es que, siempre he pensado que esa era precisamente la tarea más ardua, la de permitir a los buenos recuerdos tomar su espacio en nuestra vida sin que el hecho de que tan sólo fueran eso, recuerdos, produjera el dolor que crean las ausencias de lo querido, de lo perdido.

A diario pienso en que nuevas puertas se abrirán, en que estamos preparados para casi todo y en que, como decía mi abuela haciendo gala de esa sabiduría que sólo las abuelas tienen, “las cosas pasan porque tienen que pasar” y entonces me invade la tranquilidad, y me vuelve a apetecer tirar los dados en esta partida que es la vida y, me apetece  afirmar con certeza que quiero estar con quienes me dicen a diario que me quieren y no tienen miedo a demostrarlo para, de este modo,  seguir avanzando haciendo lo que me gusta, rodeada de mis hilos y cordones, de mis telas y agujas, rodeada de mis Fieltrerías.

Mis pequeñas criaturas se pasean hoy  como prueba evidente de que  siempre hay un lado bueno de las cosas que nos suceden.

Y…para que la música nos acompañe; Thought of you, by Ryan Woodward

Disfrutad del cóctel!!

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Diadema planeta. Realizada sobre una base de fieltro a la que se han cosido artesanalmente dos capas de lentejuelas (tonos marrón y dorado) sobre las que se ajusta una tercera capa con abalorios en color negro. Todo ello montado sobre una diadema metálica negra.

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Diadema holandesa. Base de fieltro reproduciendo decoración típicamente holandesa con tres tonos de lentejuelas cosidos en los laterales.

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Diadema parra. Base de fieltro simulando una hoja sobre la que se cosen individualmente lentejuelas mini hexagonales en tonos dorados. Abalorio negro en brillo imitando nervios de la hoja. Diadema negra metálica forrada con lazo de raso negro.

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Diadema joya. Diadema metálica negra sobre la que se monta una base de fieltro simulando pétalos de una margarita y sobre los que se cosen abalorios dorados. Centro realizado con tres lágrimas de Swarovski negras.

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Diadema Asia. Base de fieltro con lentejuelas cuadradas negras montadas simulando pétalos sobre los que se superpone un centro realizado con abalorio de corte oriental en tonos rojos y verdes.

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Diadema nenúfar. Base realizada en fieltro con lentejuelas naranjas cosidas montadas unas sobre otras trazando el dibujo de una espiral que concluye en el centro donde aparece un abalorio de corte oriental con esmaltes en tonos melocotón, rojo y verde.

Marina

No hay duda, ya es un hecho y, entendedme bien, no es que yo tenga un especial interés en ello ni que quiera delantar el sufrimiento de nadie confirmando que su regreso al mundo laboral está cada día más cercano después de las vacaciones veraniegas pero si, es un hecho, el otoño se aproxima y esto sólo puede indicar una cosa; nuestro querido verano de insoportables temperaturas pero también de risas, descanso, comidas frugales, tumbonas playeras y terrazas nocturnas toca a su fin un año más.

Vuelven a escena la vuelta al cole, los días más cortos y las noches más largas, los amaneceres más tardíos y los anocheceres más madrugadores pero también regreserán las temperaturas más llevaderas, los reencuentros con los amigos fugados en verano, la rutina en los horarios, las nuevas colecciones de ropa en las tiendas, el nuevo catálogo de Ikea y el maravilloso paisaje que  componen las hojas caídas de los árboles sobre el bulevar de mi barrio.

Regresa la posibilidad de abrazarnos sin morir de calor, de sentir la necesidad de que la sábana nos cubra por las noches y tal vez, sólo tal vez, de acudir al paraguas… “por si acaso”.

Fieltrerías se ha puesto manos a la obra  y sus primeras creaciones para este otoño desfilan de la mano de dos modelos de excepción; Cristina (4 años) y Anna (2 años), las preciosas nenas de mi compañera y amiga Tania que nos hicieron pasar una tarde divertida y agotadora entre foto y foto luciendo como nadie mis pequeñas Fieltrerías.

Disfrutad de dos auténticas bellezas rusas en acción. Buena semana!

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Cristina, Anna y su mariposa. Tocado realizado sobre una base de fieltro en color naranja sobre la que se cosen artesanalmente abalorios de tamaño XL en tonalidad semejante a la de la base. Todo ello cosido a una diadema elástica de color ocre.

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Anna tiene mariposas en la cabeza!! Diadema elástica en tono chocolate con tocados en forma de mariposas de diferentes tamaños dispuestas de manera paralela y con lentejuelas cosidas en tonos naranja y verde manzana.

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Anna feliz con sus flores. Diadema elástica en color blanco sobre la que se montan flores de ocho pétalos de distintos tamaños y colores realizadas en fieltro.

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Cris luciendo su bordado floral. Flores bordadas en tonos rosas y burdeos y fijadas a una diadema elástica de color negro por medio de una base de fieltro con la misma silueta que el tocado y cosida artesanalmente a la banda elástica.

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Diadema de flores bordadas en tonos crudos, dorados y marrones. Base de tela bordada cosida a la diadema elástica gruesa de color chocolate y reforzada por el reverso con base de fieltro de igual silueta.

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Cris se lo pasa bomba con sus moñitas de otoño. Horquilla dorada sobre la que se monta una base doble de fieltro en color verde oscuro en la que se cosen cuatro flores de picos de distintos colores; marrón, crudo, chocolate, verde pálido…

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Las que hemos crecido en una familia de mujeres sabemos esto; lo que tienen las hermanas mayores es siempre lo mejor y más bonito así que…También había horquilla moñitas para Anna, eso sí, proporcional a su pequeño tamaño. ¡Todo pensado!

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Cris y sus horquillas hoja. Horquillas realizadas sobre una base de fieltro a la que se cosen de manera artesanal lentejuelas de diferentes tonos (en la foto, verde manaza y naranja teja). Extremo de la horquilla cubierto con abalorios de forma cilíndrica en tonos dorado y caramelo.

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Horquillas espiral realizadas cosiendo abalorios cilíndricos (horquilla en posición superior) de tonos dorado y cobre o lentejuelas (horquilla en posición inferior) doradas y marrones con detalle dorado en parte central sobre una base doble de fieltro que fija el detalle a la horquilla.

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Gracias a mis dos bombones rusos.

Tania, Leonid…Gracias!

Julio, 38 grados ahí fuera, calor, mucho calor y reforma en la cocina.

Mi casa se cae a cachos y no sólo porque la cocina esté literalmente deshecha, sin azulejos ni electrodomésticos ni nada de nada sino porque los restos de la cocina real que fue en otro tiempo se esparcen por toda la casa sin piedad, sin tregua, anunciando un mortal fin de semana de limpieza para mí y algun@ de los míos.

Y es que a veces, las reformas, en determinados momentos, implican mucho más de lo que podrían significar unos cuantos ladrillos, unas baldosas más lustrosas y una placa nueva sobre la que igualmente tendremos que ser nosotros los que cocinemos. Es, algo así como un nuevo corte de pelo para las mujeres. Nuestras cocinas, baños o salones reformados  son una prueba clara de nuestro deseo de cambiar, de seguir asomando la cabeza entre la maraña de cosas que nos suceden y que a veces nos oscurecen el camino para seguir demostrando que no importa cómo de grande sea el daño, sino cómo de dispuestos estamos a afrontarlo y a recibir con los brazos abiertos todas esas situaciones y personas increíbles que de seguro nos esperan en algún rincón, tras la esquina menos pensada, tal vez ultimando sus propias reformas o colocando la última lámpara de la casa…

Porque todos en alguna ocasión hemos decidido “reformarnos” hoy lanzo mis pequeñas criaturitas a favor del cambio, de la supervivencia y de las ganas de vivir!!

Buena semana!

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Diadema raso. Realizada en raso endurecido en sus extremos. Capas de diferentes tamaños superpuestos y cosidos en su parte central con abalorios de madera. Diadema metálica negra.

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Diadema de la abuela. Encaje del siglo pasado en tonos azules  cosido en espiral y adornado en su partre central con un botón de melanina negro combinando con la diadema metálica.

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Diadema tres moñas. Tela en tonos morados y lilas con relleno de algodón e hilo de bordar marcando cuatro divisiones diferentes rematadas con abalorío de madera en su parte central. Diadema metálica negra.

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Diadema discos. Lazo acanalado en diferentes tonos (verdes en la foto) dispuesto en forma de distintos discos superpuestos marcando la diferencia de tamaño y unidos entre sí por medio de un abalorio metálico troquelado  en tonos dorados en su parte central. Cuerpo de la diadema metálico.